jueves, 4 de abril de 2013

Ejercicio Literario



No pensó en ese instante en el dolor que le provocaba la ausencia de los cuerpos que una vez pasaron sobre ella. Quiso detener los días hasta el momento en que se encontraba y que se iniciasen sin memoria. Guardaba toda una vida inscrita en las líneas del tiempo, como quien lleva durante toda, toda su existencia, los poros ligados a la piel. Esperaba un segundo que el reloj pasaba demasiado rápido. No actuaba. Pero incluso el ruido del polvo esparcido por el viento, le azotaba. No derramó una sola lágrima. Mantuvo firme su mirada hierática hacia donde no hallaba fondo; era el cuerpo más estético que se le había puesto en frente.